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Leyenda del Pozo de Jacinto Isabela




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Un ultimo rayo en oro apuñala la tarde y muere
con ella... crimen y castigo en la romántica bajura de la meseta y la piedra ahoga. “Jacinto, entrega la vacaaaa”... reza un grito calumniador en el espacio. “Jacinto, la
vacaaaa”... y un mar delincuente embiste estruendosamente las rocas que separan la Playa de Jobos de la Playa de Montones con vanas pretensiones de maremoto. Se retira un poco y carga contra el objetivo sin misericordia. Allí en aquellas rocas esta el famoso Pozo de la Playa de Jobos, el Pozo de Jacinto, quien lo adquirió a cambio de su vida. Jacinto era de allí, de Jobos, de la bajura. Allí vivió un día cualquiera de cualquier año y allí se dedico a “pastorear” ganado ajeno. Día tras día, salían muy de mañana “rumiante” y “acompañante”, la una por el buen pasto, el otro por “el pan nuestro de cada día”. Uno de esos días que la mala estrella tiene reservados para las tragedias, lanza el mar un profundo quejido que estremeció la mañana de la bajura. Jacinto llevaba la soga de la vaca fuertemente adherida a la mano. La vaca, sorprendida por el estruendo, emprendió una carrera descomunal y despavorida cargando consigo a

Jacinto. Este había perdido el control del animal quelo arrastraba por la calida arena.
Rumiante y acompáñate se despeñaron por el vacio que en medio de las rocas formaban en un "alto" de la bajura el Pozo de la Playa de Jobos. A partir de ese día cobra importancia el maldito pozo. Y se ha hecho costumbre entre los visitantes el lanzar el calumniador grito de "Jacinto, la vacaaa”... Y el Pozo de Jacinto ofendido muestra la ira legítima de quien se alimenta de un mar rebelde y un vomito de espuma da escape a sus emociones y baña a los perturbadores con el agua que fluye de sus entrañas.